Hace ya casi un año, exactamente el 25 de Noviembre de 2013, el exconsejero Lassquetty dio la orden, bajo la premisa de la supuesta insostenibilidad del sistema sanitario madrileño, de integrar el Hospital Carlos III dentro del Hospital Universitario “La Paz” dando un plazo de 6 meses para convertir este último en un hospital de media y larga estancia (sólo 6 meses antes se cerraron indefinidamente 50 camas de este tipo del Instituto Provincial de Rehabilitación).

A partir de entonces se inicia una “demolición” del Carlos III orquestada desde la gerencia del Hospital La Paz. Se destruyen todos los equipos multi e interdisciplinares, que hasta ese momento existían en el centro y que contaban con gran experiencia en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades infecciosas, con gran reconocimiento internacional y, según expertos en gestión sanitaria, a un coste relativamente bajo.

La Marea Blanca (sanitarios, entre los que se encontraba AME, y usuarios luchando por la sanidad pública) inicia una campaña de defensa de este centro y sus profesionales, pero lo único que se consigue es que, a finales de Enero de 2014, Lasquetty dimita (tras la suspensión judicial del intento privatizador de 6 hospitales públicos).

Pero era todo una fachada, los planes de la consejería respecto al Carlos III seguían en marcha y la sociedad madrileña estaba embotada tras el apoyo judicial a sus reclamaciones en materia de sanidad pública, viviendo ajenos a la adjudicación, mediante un contrato menor, por importe de 15.125€, la redacción del proyecto de remodelación de las plantas 3ª, 4ª, 5ª y 6ª. Esta última planta (la sexta) es la archiconocida a día de hoy por sus habitaciones de presión negativa.

Lejos de Madrid, durante el mes de Febrero de 2014, en Guinea se registra el primer caso de Ébola, propagándose en los meses posteriores a Liberia, Sierra Leona y Nigeria, dejando miles de muertos y contando dichos enfermos únicamente con la atención de sanitarios de ONGs. Actualmente es considerado el peor brote de Ébola de la historia.

En Madrid, “el primer mundo”, a finales del mes de abril aparece la primera sospecha de ébola y para sorpresa de los trabajadores del Carlos III se remite allí. Un centro que carece de laboratorio, banco de sangre, UCI y cuyo personal especializado se encuentra disperso por el flamante Complejo hospitalario La Paz, Carlos III y Cantoblanco.

Afortunadamente la sospecha es descartada en pocas horas, pero pocos días después piden permiso para evacuar a un pasajero que viaja desde África rumbo a París y las autoridades otorgan el permiso, esta vez el enfermo se traslada a La Paz, siendo atendido por personal ajeno a cualquier tipo de procedimiento para actuar con estos casos, una vez más la fortuna hace que el paciente sea descartado en pocas horas. Desde ese momento se designa a La Paz como centro de referencia para el cribado y tratamiento de posibles casos de ébola, y a su vez al personal de Intensivos y Urgencias para su atención.

A partir de ahí comienza la “formación” impartida por el servicio de Salud Laboral de la Paz, que en talleres de 45 min pretenden transmitir exclusivamente cómo se ponen y quitan los equipos de protección individual (EPIs), sin resolver ninguna duda porque la premisa es que el riesgo es tan ínfimo que jamás se atenderá a un enfermo de ébola real.

Comienzan las quejas y los escritos dirigidos de los profesionales de la Paz a la Gerencia del Hospital, inspección de trabajo, juzgado de guardia y la fiscalía de Madrid . Se elaboran protocolos que jamás son difundidos entre el personal designado; se prepara un área para el aislamiento de estos pacientes, pero no se permite que el personal vea cómo son esas instalaciones. EL personal sanitario defiende, tal y como indica el propio Protocolo del Ministerio vigente en esas fechas, que necesitamos habitaciones de presión negativa y La Paz no las tiene. La dirección del hospital de la Paz niega esa necesidad; y los profesionales alertan que la La Paz es un centro demasiado grande para contener una enfermedad de estas características e imposible de evacuar si fuera necesario. Los profesionales seguirán pidiendo mejor formación e información, solo se obtiene silencio.

El 5 de Agosto de 2014 el Gobierno de España decide repatriar a un sacerdote (con un coste estimado para el erario público de 500.000€), de la Orden de San Juan de Dios, infectado por Ébola y procedente de un hospital de Liberia, que sería ingresado en un hospital de Madrid, junto a una religiosa con sospecha, la ínfima probabilidad se convierte en realidad de la noche a la mañana.

Mientras el protocolo de repatriación es activado, los profesionales sanitarios de la región viven una tremenda angustia por no saber que centro recibirá al primer paciente infectado de Ébola en España. A media mañana del día 6 los gestores responsables de la Comunidad de Madrid deciden que el ingreso se haga en la planta 6 del Carlos III, la antigua unidad de infecciosos dotada de habitaciones de presión negativa, y comienza la evacuación precipitada del Carlos III y la dotación del material para la planta.

Ante la ausencia de UCI y personal cualificado, la dirección de La Paz decide cerrar dos camas de intensivos del hospital general de La Paz y desplaza a parte del personal de enfermería e intensivistas al Carlos III. El mismo personal cuyo único entrenamiento había sido un curso de 45 minutos de duración sobre cómo ponerse los EPIs, impartido por enfermeras que nunca habían tenido que utilizarlos. Y a pesar de la comunicación por parte de estos profesionales a la dirección del hospital de la Paz, “que no se consideran cualificados para atender con mínimas garantías un caso de estas características”, preocupados porque cualquier error pudiera poner en peligro la seguridad tanto del paciente, como del resto del personal y por ende de la población en general, se sigue adelante con la atención del paciente.

No se minimiza el número de trabajadores que vayan a estar en contacto con un agente biológico de nivel 4 como marca la ley, ni se tiene en cuenta si han acudido a alguno de esos talleres, ni las condiciones físicas de los mismos, ni las condiciones psicológicas y de ansiedad en la que van algunos compañeros.Durante 6 días, dicho personal del Carlos III y la Paz trató al sacerdote con Ébola bajo el más estricto ocultismo, y desde la consejería de sanidad la única noticia era que los protocolos se estaban siguiendo al pie de la letra y que el enfermo de Ébola se encontraba estable dentro de la gravedad del caso. Las escasas declaraciones que algunos representantes sindicales hacen sobre la improvisación son minimizadas en la opinión pública.

El Ministerio de Sanidad autoriza con urgencia y de forma excepcional el uso de un suero experimental procedente de Ginebra.Finalmente, el 12 de Agosto el padre Pajares fallece por Ébola, tras lo cual el equipo médico reconoce que padecía problemas cardiacos previos que complicaron el pronóstico de la infección.El nuevo consejero de Sanidad (Javier Rodríguez) comenta a los medios que los profesionales que atendieron al sacerdote Pajares han tenido un resultado negativo en la prueba del Ébola. Tan sólo unas horas después, y tras declaraciones de varios profesionales implicados, este señor tuvo que retractarse de sus palabras y rectificar en su atrevimiento, reconociendo que solo se les ha indicado la conveniencia de tomarse la temperatura dos veces al día.

El estado de crisis pasa y los 21 días de control de temperatura también. Los responsables de La Paz se felicitan por lo bien que lo han hecho. Y los profesionales que han trabajado en las condiciones extremas provocadas por los 45ºC de temperatura que se alcanzan dentro de un traje que no transpira, siguen reclamando formación, y demandan que se elabore y difunda un protocolo específico para el hospital y la unidad de cuidados intensivos, que no existe, y que atienden los casos.

Se repite el despropósito, Ana Mato autoriza una segunda repatriación de otro sacerdote contagiado, de avanzada edad, con patologías añadidas y en muy malas condiciones físicas, además, las dosis del suero experimental se ha acabado. Se presenta la misma situación, se manda a nuevo personal desde el hospital de la Paz al Carlos III, sin ningún criterio, algunos ya atendieron el anterior caso pero otros no. El sacerdote no superará la enfermedad y fallece también.

En la actualidad, una compañera auxiliar de enfermería, que trabajó directamente en la atención del último caso ha sido contagiada. Y asistimos a una lamentable rueda de prensa donde la Ministra de Sanidad declara públicamente a la ciudadania que se han seguido todos los protocolos, ¿qué protocolos Sra Mato?, y que las medidas de protección han sido las adecuadas, pero no saben explicar qué ha podido fallar. ¿El fallo será como siempre del maquinista Sra Mato?.

Queremos expresar Que:

1ºDesde AME (Asociación Madrileña de Enfermería Independiente), damos todo nuestro apoyo a la compañera y a su familia, deseamos y esperamos su pronta recuperación, no teniendo que lamentar ningún contagio más secundario.

2ºHay responsables y muchos, empezando por la Ministra de Sanidad (Ana Mato) que decide repatriar a dos compatriotas contagiados, con escasas probabilidades de supervivencia, y exponiendo a un gran riesgo al resto de la población.

3º Recriminamos al presidente de la Comunidad de Madrid (Ignacio González) y sus consejeros de sanidad (presente y pasado) que decidieron desmantelar el centro de referencia Carlos III sin preparar alternativa alguna (Javier Fernández Lasquetty y Javier Rodriguez).

4º Señalamos corresponsables por omisión y negligencia a la directiva y acólitos gestores del Hospital de La Paz que asumieron la designación como Centro de Referencia sin disponer de infraestructuras ni personal cualificado, negligente gestión que ha acabado con el contagio de una profesional.

5º Entendemos que la compañera auxiliar de enfermería, Teresa, esta eximida de toda responsabilidad , ante la negligencia percibida de gestores y políticos responsables directos de todo este proceso, exigiendo por parte de nuestra asociación las responsabilidades legales y civiles que como consecuencia de sus decisiones han permitido poner en riesgo la vida de nuestra compañera y han estafado a la ciudadania.

ASOCIACIÓN MADRILEÑA DE ENFERMERÍA INDEPENDIENTE (AME)

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