La Enfermería en España estaba atravesando, en los últimos años, un momento dulce en el ámbito académico, fundamentalmente debido al proceso de construcción del Espacio Europeo de Educación Superior, iniciado con la Declaración de La Sorbona y consolidado con la declaración de Bolonia, que instó a los estados miembros de la Unión Europea a adoptar un sistema de titulaciones basado en tres niveles: un primer nivel de grado, que capacita a los estudiantes para integrarse directamente en el mercado de tra- bajo europeo, un segundo nivel de máster, orientado a la especialización y profundiza- ción de conocimientos, y un tercer nivel de doctorado, orientado a la investigación.

Los estudios de grado, máster y doctorado están ya implementados pero, no obstante, este momento dulce comienza a ser menos apacible a partir de la precaria situación económica, que está obligando a tomar medidas de corte restrictivo en las universidades públicas españolas.

Algunas de esas medidas tienen que ver con la fusión de departa- mentos y centros de Enfermería con otros de titulaciones de Ciencias de la Salud y Ciencias Humanas y Sociales. Tras más de treinta años luchando, y cuando parecía que habíamos conseguido un espacio propio en el seno de la universidad, volvemos a perder nuestra autonomía, teniendo que negociar quién va a dirigir el centro o el departamento o quiénes pueden formar el equipo decanal.

Las especialidades en Enfermería son también una realidad después de décadas espe- rando su total desarrollo. Pero, sin embargo, ¿hay puestos de trabajo de enfermeros espe- cialistas? En el Real Decreto 450/2005, de 22 de abril, en su artículo 1, se indica que “El título de Enfermero Especialista […] será necesario […] para ejercer la profesión con tal carácter y para ocupar puestos de trabajo con tal denominación en centros y establecimientos públicos y privados”. Y aquí viene el auténtico problema: la oferta de puestos de trabajo como es- pecialistas se reduce a la especialidad de matrona y, según el criterio de las Comunidades Autónomas, se crearán o no puestos de especialistas en el resto de especialidades. No se entiende que un país invierta en la formación posbásica de sus titulados, para que no puedan desarrollar un ejercicio profesional acorde a su nivel competencial.

El hecho fundamental es que el catálogo de puestos de trabajo no se ha modificado pese a los cambios en la formación, y estos enfermeros con alta competencia pasarán a incrementar la lista de parados. Y esta situación, ¿a quién importa? Parece que no pasa nada y vaya si está pasando, pues según el Sindicato de Enfermería (SATSE) el número de parados se sitúa ya en el entorno de los 20.000 enfermeros.

Asimismo, se está en un proceso de revisión de la directiva sobre reconocimiento de títulos de las profesiones reguladas, Directiva 2005/36/CE, y resulta que ahora Alemania abandera el grupo de países que consideran que con diez años previos de formación, sería suficiente. Debo señalar que la formación de enfermeras en Alemania, pese a Bolonia, se sitúa fuera de la universidad, y eso es lo que nos pasaría a nosotros si se reducen de 12 a 10 los años previos de formación.

Por si todo esto fuera poco, con la opinión del “comité de sabios” del ministro Wert y la reforma universitaria debemos echarnos a temblar. En este documento, en relación a la duración de los estudios, en la página 69 del “Informe Propuestas para la Reforma y mejora de la calidad y eficiencia del sistema universitario español”, se dice textualmente: “… la elección de un 4+1 para el sistema universitario español ha producido otra consecuencia. […] ha implicado que estudios tradicionalmente de tres años han sido convertidos automáticamente en grados de cuatro años. Esto ha producido algunas distorsiones […] que quizá sería conveniente reconsiderar. Una posibilidad sería la creación de ‘grados cortos’ para estudios como Trabajo Social, Enfermería, Ingeniería técnica o Magisterio, lo que equivaldría a volver a las diplomaturas de tres años”.

Después de treinta y seis años desde que la Enfermería española ingresara como titulación en la universidad, y ahora que se ha logrado el completo desarrollo en los tres niveles de grado, máster y doctorado, “un grupo de sabios”, considera a nuestra titulación, de nuevo, como una ciencia menor que no merece un grado largo y sí merece volver al ostracismo.

Los acontecimientos que se están produciendo pueden dar como resultado que la titulación de Enfermería esté en peligro de retroceder en su estatus universitario, por lo que quizá sea este el momento de aunar fuerzas y esfuerzos y, como ocurrió en los años 70 del siglo XX, todos los enfermeros españoles, independientemente de la actividad que realicemos, y todas las asociaciones, colegios profesionales y sindicatos deberíamos tener una única voz ante los posibles cambios que se avecinan tanto en España como en Europa.

Tiempos inciertos a pesar de Bolonia

20130628-232503.jpg

Gracias keka por tu lucha y dedicación para y con la enfermería. Son malos tiempos para la enfermería y de algún modo deberemos despertar si no queremos vernos abocados a la desaparición de la misma del modo que la conocemos actualmente como disciplina científica. No solo pretenden acabar con decenas de años de historia y conocimiento acumulado, si no con nuestra dignidad.

David Verdegay Romero.

Anuncios